Una vida guiada por el viento
20 años viviendo a bordo
Durante veinte años, mi vida transcurrió a bordo de veleros. El agua fue hogar, camino y maestra. Diez de esos años los viví en Argentina, navegando mientras trabajaba como piloto de helicóptero, combinando dos pasiones que me enseñaron a leer el viento, respetar el clima y confiar en la experiencia.
Luego llegó Brasil y con él una década de travesía por su costa infinita. La vida en el mar tiene su propio ritmo: amaneceres silenciosos, noches estrelladas, amigos que aparecen en un fondeo que se vuelven familia y anécdotas que solo existen cuando la vida sucede lejos de tierra firme.
El viaje encontró su lugar en Angra dos Reis, donde el ancla se volvió más estable y comenzó una nueva etapa ligada al turismo náutico. Compartir el mar con otros, mostrarles paisajes únicos y vivirlos desde adentro fue una forma natural de seguir viajando, aun quedándose.
Fue allí, de la mano del turismo náutico, donde apareció una nueva manera de volar: los drones. La necesidad de capturar desde el aire lo que el mar regalaba todos los días abrió un nuevo camino. Lo que comenzó como una herramienta se transformó en una pasión, un oficio y una nueva perspectiva. Volar ya no era solo estar en una cabina, sino observar, contar historias y mostrar la belleza desde arriba.
